jueves, 18 de octubre de 2012

DIVULGACIÓN | Acuñación de monedas



Era un día de mucho movimiento en el mercado. La gente compraba y vendía cosas y había mucha actividad.
-Echen una mirada a esta hermosa vaca – gritaba Dorry, el lechero-. ¿Cuánto me dan por esta preciosa vaca?
La gente se reunió alrededor. Muchos querían una vaca y todos podían pagarla.
-Una cabra, seis ovejas y diez gallinas –ofreció un hombre.
-Diez sacos de harina, ocho patos y una carreta de manzanas –dijo otro.
-Tres ternerillas –sugirió un tercero.
Dorry pensó en las ofertas. No necesitaba la vaca, pero sin duda tampoco necesitaba una cabra ni patos ni terneras. Entonces, ¿qué podía hacer?
Hace mucho tiempo, antes de que se inventara el dinero, la gente comerciaba de esta manera. Intercambiaban mercancías. Pero pronto, como Dorry, quisieron un sistema mejor.
Hubo que dar un valor a las cosas, un valor que todos aceptaran. Si una vaca podía venderse por diez piezas de oro, Dorry podría gastar su oro libremente en las cosas que necesitara de verdad.
Tanto el oro como la plata eran valiosos. Por ello, con pequeños círculos de metal, se moldearon, o acuñaron, monedas. Para identificarlas se les estampó su valor, y a veces, la efigie del dirigente del país.
En casi todo el mundo se acuña moneda. En las casas de la moneda se estampan hojas de metal mediante troqueles especiales. A veces se acuñan monedas de oro para conmemorar eventos especiales.
Las monedas de poco valor se hacen de una mezcla de cobre y otros metales. 

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