martes, 30 de octubre de 2012

DIVULGACIÓN | Viendo a través de ti



Está claro que deberías haber comprobado los frenos de la bici antes de salir. Ahora está en el suelo, preguntándose si te habrás roto algo o si sólo estás magullada.
El médico lo averiguará en seguida haciéndote una radiografía.
En el departamento de rayos X del hospital te hacen acostar en una mesa acolchada con una placa fotográfica debajo de ti. El film va envuelto en un grueso plástico negro para protegerlo de la luz.
Dentro de la máquina de rayos X hay un fino trozo de cable que se calienta por electricidad hasta que está al rojo y emite unas partículas diminutas llamadas electrones. Impulsados por electricidad estos electrones a se ponen en movimiento a gran velocidad. Se precipitan por el interior de la máquina y chocan contra una placa de metal en otro extremo. Esta placa emite un haz de invisibles rayos X. La luz no puede pasar a través de la mayoría de los objetos, pero los rayos X sí pueden. Atraviesan con facilidad la piel y los músculos, pero les cuesta más atravesar el hueso, que es más denso y pesado. Los rayos X siguen su viaje a través de plástico impenetrable a la luz que envuelve la placa fotográfica y dejan su huella en ella.


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