lunes, 5 de noviembre de 2012

ARTÍCULO | El abuso de los refuerzos y los castigos


Tanto el refuerzo como el castigo hay que usarlos en su justa medida. El exceso de uno u otro tiene efectos perjudiciales para los niños.

El exceso de refuerzos

Hay familias cuyos niños tienen acceso a muchos refuerzos de forma indiscriminada. Los niños que disponen de todo tipo de juguetes no valoran realmente lo que tienen. En algunas situaciones, como los cumpleaños o la Navidad, es bastante frecuente que el niño se encuentre con cinco o seis juguetes diferentes. En estos casos es mejor guardar alguno para dárselo más adelante.

En las familias en las que el refuerzo es constante y no responde a ninguna causa clara es bastante difícil motivar a los niños. Hay un efecto de saciedad del refuerzo al que arde o tempano habrá que hacer frente. Por ejemplo, si a un niño se le dan chucherías todos los días, será muy difícil utilizarlas como premio.,

Asimismo, la cantidad de elogios que recibe el niño debe ser proporcional al esfuerzo realizado por él. Si se elogia por cualquier cosa o se exageran las alabanzas, aprenderá que con poco esfuerzo obtiene el mismo premio que con mucho, y no se esforzará por hacerlo mejor.


El exceso de castigos

Los niños que reciben castigos constantemente pueden tener miedo de manifestar conductas nuevas, ya que piensan que sus padres van a reaccionar castigándolos. En general, son niños que muestran temor e incluso ansiedad ante situaciones nuevas. El exceso de castigos también provoca que los niños no modifiquen su comportamiento porque hagan lo que haga, siempre obtienen la misma consecuencia.

El castigo debe ser utilizado sólo en situaciones concretas. Es mucho más efectivo el refuerzo de conductas positivas: siempre hay comportamientos que reforzar.

En ningún caso se debe utilizar el castigo físico, y ello por diversas razones:

- Si se castiga físicamente a un niño, se le enseña a pegar como forma de solucionar los problemas. Cuando tenga un conflicto con un compañero de colegio, lo más probable es que responda de forma agresiva. El castigo físico puede frenar la situación porque intimida, pero no la soluciona. A la larga, no educa.

- Los padres que pegan a sus hijos lo hacen muchas veces para descargar su propia agresividad o para afirmar una autoridad que no saben cómo demostrar. En muchas ocasiones, el castigo físico no responde  ala conducta negativa del niño, sino a la tensión acumulada por los padres en las distintas situaciones diarias. En otros casos, se trata de padres que sufrieron castigos físicos en su niñez y repiten los modelos que aprendieron. Los hábitos de conducta que aprendidos en la infancia tienen a perpetuarse.

- El castigo físico acaba por saturar, de manera que deja de tener efecto en el niño y, lo que es peor, se aplica cada vez con más intensidad, creyendo erróneamente que así se logrará modificar el comportamiento.

- Genera situaciones de interacción negativa y hostilidad de los hijos hacia los padres. Dependiendo del patrón de conducta, existen niños que responden al castigo físico con comportamientos agresivos en su entorno, y otros que se convierten en seres inhibidos y poco exploradores por temor al castigo.

- Es cierto que se ha empleado durante generaciones, por eso no significa que sea un método aceptable para modificar el comportamiento infantil.

FUENTE | El manual de Supernanny, Ed: El Pais, 2007

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