viernes, 31 de mayo de 2013

Libro | Gigante poco a poco



A simple vista, Manuel era un niño como todos los demás.

Tenía dos ojos, una boca con labios por fuera y dientes por dentro, dos piernas acabadas en pies con dedos al final. Sudaba después de correr un rato y no tenía antenas para la comunicación telepática.
 
 
Sin embargo, había algo que lo hacía diferente: Sus padres eran altos como molinos de viento, grandes como montañas. Eran gigantes.
 
Hasta que tuvo siete años, él era de la misma estatura que los niños y niñas de su clase. Pero una mañana de primavera Manuel se retrasaba y cuando sus compañeros se asomaron por la ventana vieron dos pies enormes que se acercaban por el horizonte...

El problema fue el viento que fue alejando y alejando una cometa, hasta que, cerca ya del pueblo de al lado, se enredó en un árbol. Entonces le pidieron:

-Manuel, no hace falta que te levantes, por favor, cógenos la cometa...
 
Claro, los del pueblo de al lado, que no conocían a Manuel, de repente vieron aquella mano enorme que arrancaba un árbol tranquilamente y se asustaron tanto que llamaron a la policía, al ejército, a la guardia civil y a Supermán...

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