jueves, 27 de febrero de 2014

DIVULGACIÓN | Un procesador de 6 metros


Después de haber permanecido en tu estómago de dos a cinco horas, la comida pasa al intestino delgado. Allí, unas sustancias químicas muy poderosas llamadas enzimas y un jugo llamado bilis empapan la comida y empiezan a transformarla. Las enzimas son muy cuidadosas. Si un pedacito de comida escapa a su ataque, vuelve a ser atacado un poco más abajo, en el mismo intestino delgado. La comida puede quedarse en tu intestino delgado hasta cuarenta horas, donde se transforma en partículas diminutas llamadas moléculas. Estas moléculas son tan pequeñas que pueden atravesar las paredes del intestino delgado y penetrar en la sangre. La sangre transporta las moléculas hacia las células, que te ayudarán a que crezcas y te mantengas en forma. La comida que tu cuerpo no puede utilizar pasa del intestino delgado hacia otro tubo largo llamado intestino grueso, en cuyo extremo está el recto. Por él abandonan el cuerpo los excrementos sólidos. 


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