lunes, 19 de mayo de 2014

ARTÍCULO | El comportamiento agresivo

Fuente Imagen | Banco imágenes INTEF
Es uno de los comportamientos más comunes en la infancia y está en relación con la evolución social y el valor que ésta le otorgue a las variables que lo componen. Las repercusiones sobre el desarrollo infantil serán negativas en todos los órdenes. Se presenta con frecuencia asociado a la hiperactividad.

Existen múltiples conceptualizaciones teóricas acerca de la agresividad. Sistematizando, encontraríamos autores que se incluyen en modelos de base innatista, otros que se apoyan en la importancia del ambiente y otros que admiten ambos patrones actuantes, y manifiestan una visión eléctrica y situacional del problema.


Características

La conducta agresiva NO es patológica en sí misma. Es preciso analizar la finalidad de la misma para poder evaluarla. En los bebés, se observan con frecuencia explosiones de rabia que no van dirigidas hacia otros, sino que constituyen la expresión de frustración por la no satisfacción de sus deseos. Las conductas propiamente agresivas no aparecen hasta los dos años, cuando ya existe capacidad de dirigir el daño hacia uno mismo o hacia otros.

Desde esta perspectiva, es necesario distinguir entre agresiones manipulativas y agresiones hostiles. 
  1. En las primeras, el niño utiliza la conducta agresiva como medio para conseguir un fin determinado. Está relacionado con el objetivo de preservar la propia identidad, encontrar la satisfacción a las necesidades y conocer y controlar el entorno. Continúan hasta que el niño adquiere recursos más adecuados socialmente para conseguir sus propósitos. Son, por lo tanto, un recurso adaptativo de duración circunstancial. A veces, aún cuando el sujeto posea y conozca estos recursos (lenguaje, capacidad de análisis del entorno, solución de problemas, etc.), se produce, lo que indicaría una regresión circunstancial en el proceso madurativo del nuño y la existencia de un conflicto.
  2. En las segundas, la conducta no es utilizada como medio, sino que suponen un fin en sí mismo. Son conductas estables, que persisten a lo largo de la evolución del niño. Podrían ser comprendidas como llamadas de atención del sujeto que se encuentra en dificultades de ajuste personal y social y utiliza su comportamiento como fin para conseguir estabilizar sus emociones y calmar la ansiedad que le produce su estar en el mundo. El medio, el entorno, puede ayudar a potenciar ese comportamiento agresivo o contribuir a extinguirlo. 

Factores relacionales


Son las relaciones entre el adulto y el niño, las que nos definirán la etiología del problema. La mayor parte de los comportamientos agresivos infantiles, proceden de las interacciones del niño con el entorno familiar y educativo:
  1. Familiar: rechazo a los hijos, agresividades encubiertas, falta de sensibilidad ante las necesidades del niño trastornos psíquicos en los padres, crisis en los adultos, normas educativas rígidas o contradictorias, también es frecuente encontrar inconsistencia en las estrategias de control sobre la conducta del niño, “abandonos” de la responsabilidad paterna, imposiciones inadecuadas de normas, grupos familiares asociales, etc.
  2. Educativas: exigencias mayores a las posibilidades reales del niño, escuela que potencia la rivalidad y la competitividad, programas inadecuados, tensiones en los grupos escolares y de clase, dificultades de integración en los grupos de iguales, normas rígidas y contradictorias, modelos autoritarios de profesor, etc. 

Implicaciones educativas


La actividad escolar cuenta con los recursos idóneos para favorecer la aparición de conductas adaptativas y de autocontrol. La educación, entendida en un contexto amplio, no es sólo transmisión de información, se pueden encontrar fácilmente actividades que fomenten la cooperación la elaboración y asunción de normas, la aplicación de las mismas en consenso, los trabajos y proyectos de grupo, la elaboración de juegos y actividades no competitivas, etc.

No está de más repasar la teoría de liderazgo, que nos sugiere que en función del estilo de liderazgo los grupos reaccionan de un modo u otro.

A partir de los estudios sobre el liderazgo de Lewin, Lippit y White, en 1938, se distingue entre liderazgo autoritario, democrático y laissez faire. Los resultados de sus estudios, en líneas generales fueron: 

  1. El tipo de liderazgo del grupo está en conexión íntima con las vivencias y los comportamientos de los niños.
  2. El tipo de liderazgo es en gran medida independiente de la personalidad, la misma persona puede aprender y practicar diversos estilos de liderazgo y alcanzar idénticos resultados.
  3. El estilo de liderazgo establecido por los niños en el pasado, les influye durante un cierto tiempo frente a un líder nuevo del grupo, con otro estilo. 
Con respecto a los tipos de líderes, específicamente, los resultados fueron:
  • Liderazgo autoritario: fuerte control, dirección intensa, dominante, autocrático. Sus expresiones verbales suelen ser: “haz esto”, “recoge aquello rápidamente”, “tienes que…”, “quiero que…” “no hagas eso…” Abundan las órdenes, los reproches, las amenazas; no suele aparecer la comprensión de los otros, etc.
    • Las reacciones de grupo, van desde las tensiones en los niños y en el ambiente del aula, hasta la abierta hostilidad, agresiones, intentos de dominar, irritabilidad. Las reacciones a las órdenes del líder, son de servilismo o agresión. Se pone de manifiesto un comportamiento marcado por las amenazas del líder, y la actividad de trabajo de los niños, depende de la presencia del mismo en los grupos. Aparece la figura del “chivo expiatorio” que carga con los errores cometidos por otros. El vocabulario de los niños se ajusta a los pronombres posesivos, “mío”, “a mí” y demostrativos de individualidad, “yo”, frente al “nosotros” que debería caracterizar al grupo. La estructura del grupo y de los subgrupos es rígida, siendo infrecuente acciones comunes de grupo. Aparecen comportamientos de posesión del material. Para terminar, los alumnos suelen estar deseosos de terminar la actividad.
  • Liderazgo democrático: comprensión, tolerancia, social-integrador, cooperativo. Su lenguaje está enfocado a pedir información, sugerir, solicitar respuestas, etc. Proclive al debate y a las discusiones en común y explica y justifica las órdenes. Comprende el comportamiento individual y lo tiene en cuenta, promoviendo la espontaneidad en los comportamientos. Tiene en cuenta las vivencias y emociones del niño, siendo esta la base para entender y transformar el comportamiento considerado poco adecuado.
    • Las relaciones de grupo, giran en torno a comportamientos amistosos, enfocados al beneficio del grupo aún cuando el líder no esté presente. No suele aparecer la figura del “chivo expiatorio”, pues se asuenen los errores y se practica la autocrítica individualmente y en grupo. Aparecen con frecuencia los términos definitorios del comportamiento grupal: “nosotros”, “nuestros”, etc. y no suele producirse escapada general al finalizar las actividades. Se incrementa al grado general de actividad y rendimiento, favoreciéndose el enfrentamiento razonado con los problemas y los conflictos que pueden surgir en el grupo.
  • Liderazgo laissez-faire: se caracteriza por la indolencia, la pasividad, la indiferencia, la falta de interés y de objetivos. El niño puede realizar los comportamientos libremente, no se pone reparos a discordancias. El líder participa pasivamente en las reuniones de grupo y no se formulan prohibiciones ni castigos.
    • Las relaciones de grupo, no son de escasa satisfacción con las metas alcanzadas, y, aunque la actividad de grupo suele ser intensa, no suele realizarse lo que se plantea ni a organizarse estrategias para ello, pues no se establece consenso. Los niños aprenden un comportamiento anárquico que en ausencia del educador genera una actividad sin objetivos. La tendencia de los niños, cuando estos asumen la dirección, es a reproducir un comportamiento autoritario. Se debilita la cohesión del gruño y los individuos tienden a la pasividad, a la conformidad. 
FUENTE | El manual de Supernnany (2007) Extracto

1 comentarios :

Me parece un artículo muy interesante, hoy en día la agresividad existe en las aulas y es una problemática en la que toda la comunidad educativa se está volcando.
En mi opinión, es necesario que desde la escuela y en la familia trabajen esta conducta con ayuda de los psicólogos y psicopedagogos ellos nos pueden dar estratégias buenísimas para trabajar este tipo de conductas además de dotarnos de mucha mas información de la que sabemos acerca de la agrsividad en edades tempranas.
¡Un saludo!

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