lunes, 31 de marzo de 2014

ARTÍCULO | El clima de clase

Fuente Imagen | Banco de Imágenes INTEF
En nuestras aulas surgen de manera habitual conflictos que nos producen desasosiego e insatisfacción y que obstaculizan e impiden el normal desarrollo del aprendizaje entre el alumnado que a ella asiste. Desde la perspectiva de entender que el conflicto es algo natural en los grupos humanos y que debe ser afrontado de una manera constructiva, y por tanto, educativa, Vaello aporta ideas, normas, rutinas y experiencias que están dando buen resultado en otros compañeros y compañeras que la desarrollan de manera habitual en su práctica educativa.

Las propuestas ofrecen ideas para que cada cual las traslade a su realidad cotidiana y las haga suyas desde su estilo y el de su alumnado y suponen una forma de entender el proceso de enseñanza y aprendizaje alejado del posicionamiento transmisivo tradicional para contribuir a crear un clima cordial y acogedor que favorezca las habilidades relacionales y necesarias y un clima de convivencia en el aula para favorecer el aprendizaje de todos y todas sin excepción.

Las condiciones ambientales del aula permiten crear unas relaciones personales acogedoras y un clima favorecedor de trabajo necesarios para el mejor aprendizaje. Para construir un clima de clase adecuado, Juan Vaello propone una serie de medidas que pueden contribuir a favorecerlo:
  • Es necesario establecer límites en la primera semana del curso y mantenerlos a lo largo del curso. Disponer de normas efectivas de convivencia que regulen los comportamientos más frecuentes. 
  • Mantener una relación de confianza con el alumnado. Entrenarles en relaciones de colaboración y respeto.
  • Conocer los roles del alumnado y propiciar que contribuyan a la convivencia y no la perturben, reconduciendo su actitud cuando sea necesario.
Establecer límites en la primera semana del curso y mantenerlos. Disponer de normas efectivas.

Establecer con el grupo clase qué conductas son aceptables y cuáles npo en las primeras semanas porque, si no es asi, las normas las acaban imponiendo los líderes negativos quienes inician conductas de tanteo e incumpliendo normas desde el principio de curso. Aunque a lo largo del curso, las normas tienden a relajarse ligeramente, conviene esforzarse en mantenerlas. A pesar de que cada profesor tiene su estilo, las normas no deben ser ambiguas para nadie, sino claras, realistas, aceptables y funcionales.
Esto nos obliga a consensuarlas para toda la comunidad educativa y especialmente para el claustro.


Las normas de clase

En todos los centros existe un ROF (Reglamento de Organización y Funcionamiento) en vigor. Debemos analizar cuál es la realidad del mismo, consensuar cómo nos gustaría que funcionara el centro, qué normas están funcionando y qué no y analizar las causas. También analizar las normas no escritas instaladas como rutinas y qué, en muchos casos, condicional grandemente el funcionamiento del centro y de las aulas.

Es conveniente consensuar por el Claustro y el Consejo Escolar las normas generales del centro que configurarán un determinado clima, especialmente dirigidas a 3 aspectos: en relación al aprendizaje, en relación a las personas, en relación al entorno.

En la primera quincena de septiembre el claustro puede abordarlo y realizar una primera propuesta genérica de trabajo, que cada tutoría concretará en el aula durante la primera quincena. Esta será abordada de nuevo con posterioridad por el claustro en octubre para su aprobación e inclusión en el Plan de Convivencia y PAC.
  1. Elaborar normas explícitas en las aulas: normas efectivas que regulen los comportamientos más frecuentes. Redactadas por escrito (pocas, claras, redactadas en positivo, cumplidas- no admitir incumplimiento, flexibles, no fijar las que no se puedan hacer cumplir). 
  2. Desvelar las normas implícitas: establecidas por rutinas, que marcan en gran medida el funcionamiento del aula y que, en gran medida, conforman su clima para hacerlas explícitas, si son adecuadas, o eliminarlas si no lo son. 
  3. Velar porque no exista contradicción entre unas y otras: ya que si es así, éstas se resuelven siempre a favor de las implícitas. Si tenemos como norma establecida la puntualidad pero se consiente reiteradamente su incumplimiento, se terminará imponiendo la conducta contraria a la deseable. 
  4. La efectividad de la norma depende de las consecuencias de su incumplimiento y de su cumplimiento. 
  5. Conviene aplicar, de vez en cuando, estímulos positivos ante el cumplimiento de las normas para consolidarlas. 

Sugerencias de normas básicas

Asistir a clase puntualmente, con el material y trabajar sin molestar a los demás
  • Consecuencias de su incumplimiento… 
  • Consecuencias de su incumplimiento reiterado… 
Respeto a las personas y las cosas para que te respeten a ti y a tus cosas.
  • Consecuencias de su incumplimiento… 
  • Consecuencias de su incumplimiento reiterado… 
El profesorado ha de atender a todo el alumnado y ocuparse de que todos/as aprendan adaptando su enseñanza a sus capacidades e intereses.
  • Consecuencias para su cumplimiento… 
  • Consecuencias de incumplimiento… 
Se propone, pues, elaborar en clase de manera progresiva, durante las primeras semanas, aquellas normas que conforman las rutinas necesarias, más frecuentes y significativas del aula, pero dejando este proceso abierto a lo largo del año para revisar e introducir otras normas que se crean necesarias. El proceso puede ser:
  1. Explicación de las razones de dotarnos de normas. 
  2. Mediante lluvia de ideas o trabajo en grupo que establezca la norma que regule la rutina positiva, su incumplimiento y su reiteración. 
  3. Aceptación en asamblea del grupo de la norma propuesta y el sistema de sanciones ante su no cumplimiento. 

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