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lunes, 30 de marzo de 2015

ARTÍCULO | El trastorno de pánico


Los ataques de pánico o las crisis de ansiedad son apariciones repentinas e inesperadas de miedo intenso a perder el control o a que algo horrible vaya a suceder, o incluso miedo a morir o a volverse loco, acompañadas de síntomas físicos: dificultad para respirar, dolor en el pecho, palpitaciones, sudoración, temblores, sensación de mareo, hormigueo, náuseas, etcétera.

Por lo general, las crisis duran aproximadamente 10 minutos. Aquellas personas que han sufrido un ataque de ansiedad tienen mayor probabilidad de sufrir otros a lo largo de su vida, temen que se repitan y desarrollan conductas de evitación con el fin de librarse de situaciones parecidas.

Aunque las crisis de ansiedad suelen hacer su aparición más frecuente en la adolescencia, los niños también pueden padecerlas. Son pequeños que temen excesivamente por sus relaciones sociales, por la posibilidad de que un familiar muera o por la eventualidad de sufrir un accidente.

lunes, 15 de diciembre de 2014

ARTÍCULO | La ansiedad por separación

Fuente Imagen | psicomaster.es
En el desarrollo del niño hay momentos de ansiedad o miedo a la separación de las personas a las que se encuentra vinculado emocionalmente. Podemos considerar que se trata de una ansiedad totalmente normal en el desarrollo infantil hasta, aproximadamente, los seis años.

El miedo a la separación es el primero y más básico de los miedos; incluso se da en otras especies animales. Tiene una función de adaptación, hay que tener a los cuidadores al lado asegura la supervivencia hasta que se desarrollen las habilidades necesarias para sobrevivir por uno mismo. Pero si este miedo se mantiene en el tiempo  y es desproporcionado en relación con el nivel de desarrollo, deja de ser útil y puede llegar a convertirse en el trastorno de ansiedad por separación. Suele ser más frecuente en las niñas y aparece sobre los nueve años.

Para saber si estamos ante este problema, deben darse al menos tres de las siguientes circunstancias:

Preocupación persistente por perder a las personas con las que el niño se halla vinculado o por que éstas sufran daño.
  • Malestar repetido cuando existe o se anticipa una separación del hogar o las figuras importantes (padres, cuidadores). 
  • Preocupación persistente por si se produce en acontecimiento que le separe de las figuras con las que se mantiene más vínculos (por ejemplo, un secuestro).
  • Resistencia o negativas repetidas a ir al colegio o a cualquier otro lugar que implique separación.
  • Resistencia o negativa persistente a irse a dormir sin una persona significativa cerca.
  • Pesadillas repetidas con contenido de separaciones.
  • Preocupaciones excesivas por parte de los niños. 
Algunos factores que pueden hacer que aparezca la ansiedad por separación son.

  • Sobreprotección de los padres. 
  • Problemas psicológicos en los padres. 
  • Quejas repetidas de síntomas físicos al ocurrir o anticipar la separación.
  • Estructura familiar cerrada, que dificulta la autonomía y las relaciones del niño. 
  • Inhibición conductual (incapacidad para reaccionar) y reacciones fisiológicas elevadas (sudoración, taquicardia). 
El trastorno puede prolongarse o incluso empeorar si no se fomenta la autonomía del niño y se permite que evite las separaciones y obtenga beneficios con su actitud.

FUENTE | El manual de Supernnany (2007) Extracto

lunes, 17 de noviembre de 2014

ARTÍCULO | Reacciones de los niños ante el miedo

Fuente Imagen | edukame.org
Las reacciones ante el miedo que tienen los niños son las mismas que puede mostrar cualquier adulto; lo que varía es la intensidad de la respuesta. Por ejemplo, cuando un niño con miedo a los perros vea uno, se pondrá a llorar, se agarrará al padre, gritará o pedirá que lo cojan en brazos, mientras que un adulto en la misma situación huirá del lugar donde se encuentra el animal.

El miedo provoca una reacción de ansiedad que se manifiesta, igual que cualquier emoción en tres niveles:
  • Nivel cognitivo. El pensamiento sobre la situación o el estímulo des decisivo para sentir miedo. Si al ver un perro un individuo piensa que es peligroso, que seguro que se va a abalanzar sobre él y le va a morder, es normal que tenga una reacción de miedo. Pero si los pensamientos son neutros o positivos, seguramente no reaccionará con temor. Las experiencias previas, ya sean propias o ajenas, son en cierta medida, responsables de nuestros pensamientos hacia las diferentes situaciones. 
  • Nivel fisiológico. Un niño con miedo puede manifestarlo de diferentes formas físicas: temblores, sudoración, llanto, náuseas, urgencia para orinar, aceleración cardíaca, sequedad de boca, tensión muscular, etcétera. 
  • Nivel motor. El niño puede gritar, evitar la situación o el estímulo que le provoca miedo, salir corriendo o mostrarse irritado, iracundo o agresivo. 
FUENTE | El manual de Supernnany (2007) Extracto

lunes, 20 de octubre de 2014

ARTÍCULO | Los terrores nocturnos


Es fácil confundir terrores nocturnos y pesadillas, pero las diferencias entre ambos trastornos son significativas. Además, es importante diferenciarlos para aplicar tratamientos adecuados.

Los terrores nocturnos se caracterizan por gritos, movimientos bruscos, sudoración y taquicardia. En la mayoría de los casos, el niño se incorpora y, aunque tenga los ojos abiertos, no se encuentra realmente despierto. Al cabo de unos instantes se duerme con tranquilidad y al despertar no recuerda el suceso.

Se produce en el sueño no REM, generalmente en el primer tercio de la noche. Suelen aparecer e torno a los dos o tres años de edad y cesan de modo espontáneo. Cerca del 3% de los niños los sufren.

Los terroes nocturnos se deben a sueños que se producen durante las fases de sueño profundo, en las que es difícil despertar, no en el sueño REM.

Recomendaciones para reducir la incidencia de los terrores nocturnos o evitar que se produzcan
  • Si el niño está muy cansado a la hora de dormirse, puede aumentar la probabilidad de que aparezcan terrores nocturnos. Es conveniente acostarlo antes de que esté muy cansado. 
  • También está comprobado que los niños con un hábito de sueño inadecuado tienen más probabilidades de sufrir terrores nocturnos que los que tienen un hábito adecuado. 
  • Hay que hacer todo lo posible para que los niños se acuesten tranquilos y sin temores. 
  • En caso de que el niño sufra un terror nocturno, se le puede acariciar para calmarlo y al cabo de unos minutos dormirá con tranquilidad. Si el trastorno se alarga en el tiempo, se debe consultar con un especialista. 
Diferencia entre terrores nocturnos y pesadillas

Terrores nocturnos
  • Sueño aterrador tras el cual el niño no despierta. 
  • El niño grita, llora y se incorpora alterado, agitado y con los ojos abiertos.
  • El niño está dormido. Por mucho que los padres intentan calmarlo, no disminuye la acción.
  • No reconoce a las personas que hay a su lado, y los mezcla incluso con el sueño. 
  • Presenta sudoración.
  • Al finalizar el episodio, el niño sigue durmiendo tranquilamente.
  • Se produce en el sueño no REM (fases III y IV)
  • Pueden durar hasta 10 minutos. 
Pesadillas
  • Sueño aterrador tras el cual el niño se despierta.
  • El niño se mueve ligeramente y gime poco antes de despertar. 
  • Está despierto cuando los padres llegan a su habitación, recuerda el sueño y cuenta exactamente lo ocurrido. 
  • Al despertar reconoce a todos los que están a su alrededor. 
  • Sin sudoración.
  • Antes de volver a dormirse o a la mañana siguiente el niño recuerda el suceso. 
  • Se produce en el sueño REM. 
  • No duran más de cuatro minutos. 
FUENTE | El manual de Supernnany (2007) Extracto

lunes, 13 de octubre de 2014

ARTÍCULO | Objetivos de la higiene


Parece claro que unos hábitos de higiene correctos ayudan a prevenir ciertas enfermedades. Cuántas veces nos habrán dicho: "Lávate las manos antes de sentarte a la mesa" o "Cepíllate los cientes después de comer". Si de pequeños preguntamos alguna vez por qué, seguro que nos dieron razones relacionadas con la salud.
La repetición de ciertas rutinas de aseo y limpieza nos lleva a adquirir unos hábitos saludables de higiene que nos acompañarán durante toda nuestra vida.

La higiene incluye aspectos tales como el aseo del niño y de las personas que conviven con él y la limpieza de su entorno -casa, colegio, lugares de juego-. Es un conjunto e hábitos que previenen enfermedades y favorecen la salud.

Estos hábitos necesitan un tiempo para ser asimilados, y la infancia es el momento preciso para empezar a inculcar ciertas rutinas relacionadas con la higiene que, más tarde, se convertirán en hábitos.

Para que un hábito se adquiera con éxito es importante tener presente que debe darse en un mismo momento, en un lugar fijo y mediante la repetición de una serie de rutinas. Por ejemplo, para adquirir el hábito diario de la limpieza corporal es importante que al niño se le bañe siempre en el mismo lugar, a ser posible en el cuarto de baño, que es el sitio indicado para el control de esfínteres y la higiene corporal. Los padres se ocuparán de que el baño sea una estancia agradable y relajante. Además, habrá que hacerlo a la misma hora -antes de la cena puede ser un buen momento- y mediante la repetición de un ritual: coger el pijama, quitarse la ropa, entrar en la bañera, enjabonarse, jugar un rato en el agua, salir, secarse y vestirse.

FUENTE | El manual de Supernnany (2007) Extracto

lunes, 25 de agosto de 2014

ARTÍCULO | ¿Cómo enfrentar los miedos?


Para disminuir los miedos hay que seguir un método. El miedo es irracional por definición y los niños creen, además, que lo que temen es real, por lo que decirles que no es así resulta completamente inútil. Si un pequeño cree que el agua del mar se lo tragará cuando se acerque a la orilla, para él es totalmente posible, por muy irracional que nos parezca a los adultos.

Indudablemente, los niños cuando tienen que enfrentar sus miedos, lo pasan mal. Por eso el método que aquí proponemos plantea una aproximación paulatina al objeto temido. Eso implica que la desaparición del miedo es progresiva y produce menos malestar, aunque la consecución de objetivos resulta más lenta.

Cuando hablamos de intervenir en el miedo, debemos tener en cuenta varios aspectos:
  • El miedo no desaparece en un momento. La actuación de los padres debe ser continuada y sistemática. 
  • No hay que regañar ni ridiculizar al niño por lo que siente; ello dificultará que decida enfrentarse al miedo. 
  • Los padres no deben mostrar excesiva preocupación ni darle demasiada importancia, porque entonces el niño podría utilizar su miedo como excusa para zafarse de situaciones que no le gustan y los adultos podrían caer en el error de permitírselo. 
  • Hay que intentar controlar las experiencias desagradables que podrían afianzar su miedo; por ejemplo, asegurémonos de que el perro con el que vamos a jugar permitirá que lo hagamos sin ladrar ni ponerse agresivo. 
  • Tenemos que premiar cualquier esfuerzo que haga el niño por vencer su miedo. Para ello podemos emplear frases de ánimo como: "Valiente", "venga, que tú puedes", o "¡lo has logrado, campeón!". 
  • No le presionaremos: si hoy no lo consigue lo intentaremos mañana. Cada niño necesita su tiempo. Hay que animarle a que él mismo compruebe lo irracional de su temor: "Vamos a mirar juntos debajo de la cama para ver que no hay nada". O hacer primero nosotros una acción y pedirle al pequeño que la ropita; por ejemplo, tocar a un perro y decirle al niño que acerque la mano. 
  • La observación de la actitud de los padres por parte del pequeño puede llevarle a adoptar sus miedos; es decir, aunque no quieran, en ocasiones, ellos se los transmiten. Es habitual que si la madre tiene miedo a los perros, también lo tenga su hijo o que si el padre se muerde las uñas, el niño le imite. Los adultos deben controlar su comportamiento ante las situaciones y los objetos que les provocan miedo a convertirse en modelos para el niño. 
En cualquier caso, los modelos más válidos son sus compañeros, cuando hacen lo que a él le da miedo. Por eso conviene procurarle experiencias de este tipo: si le asusta tirarse por el tobogán, le podemos llevar a un parque donde vea a otros niños de su edad hacerlo.

FUENTE | El manual de Supernnany (2007) Extracto

lunes, 28 de julio de 2014

ARTÍCULO | La higiene en los niños



El hábito de la higiene engloba el cuidado del cuerpo -por partes y en su conjunto- y su aspecto, lo cual incluye actos concretos como vestirse y desvestirse.

A la edad de un año, el niño ya empieza a ayudar en la tarea de ponerse la ropa levantando el brazo o la pierna, y lo mismo a la hora de desnudarse. En torno a los dos años es capaz de desvestirse sin ayuda. Entre los dos y los cuatro años puede aprender a dominar las destrezas necesarias para vestirse. Es importante que cuando empiece la educación infantil, a los tres años, el pequeño ya tenga adquiridas destrezas suficientes para vestirse y desvestirse, y haya desarrollado el hábito de hacerlo casi sin ayuda. A los cinco años, la mayoría de los niños pueden vestirse solos, exceptuando la tarea de anudarse los cordones de los zapatos. 

Lavarse las manos y la cara, peinarse o bañarse son destrezas que se van desarrollando poco a poco, en función de la maduración personal de cada niño y de la implicación de los padres en el fomento de su autonomía. 

Habrá que explicar al niño los pasos que puede seguir para frotarse las manos, enjuagarse la boca o secarse la cara. A medida que la dentición se completa y hasta que el niño tenga siete años será necesario apoyar el aprendizaje del cepillado de dientes, aunque el pequeño aprenderá a hacerlo imitando a sus padres y hermanos mayores.

FUENTE | El manual de Supernnany (2007) Extracto

lunes, 7 de julio de 2014

ARTÍCULO | El insomnio infantil


El insomnio infantil es un trastorno que se caracteriza por la dificultad del niñoi para dormirse solo, los despertares frecuentes por la noche con dificultad paa conciliar el sueño de nuevo sin ayuda, el sueño superficial y la disminución de su duración.

Existen dos causas fundamentales: los malos hábitos y los problemas psicológicos debidos a acontecimientos como un cambio de casa, el nacimiento de un hermano oun viaje. Sólo 2 de cada 100 niños sufren insomnio por problemas psicológicos. En el 98% de los casos el trastorno se debe a los malos hábitos. Los expertos señalan que un niño de un año que no sea capaz de dormir sin interrupciones durante toda la noche -unas ocho horas- debe ser reeducado o estimulado para conseguirlo. No se nace sabiendo dormir, se aprende. Hay que enseñar a dormir al niño por sus propios medios.

El insomnio que sufren los adultos no es igual que el infantil, sobre todo en lo referente a las causas del trastorno. Los factores decisivos en el caso de los adultos son el estrés y la mala praxis del momento de acostarse. Este último factor proviene, en la mayoría de los casos, de los malos hábitos en la infancia. Si un niño aprende a dormir solo, se reduce la probabilidad de que se convierta en un adulto insomne.

En la CIE-10 (Clasificación Internacional de las Enfermedades, décima y última versión hasta la fecha) s diferencia el insomnio debido a causas orgánicas del insomnio motivado por malos hábitos, ya que los tratamientos en ambos casos varían. También se distinguen varios tipos de insomnio en función del momento en que se produce:
  • De conciliación: al inicio de la noche. 
  • De mantenimiento: despertares frecuentes durante la noche. 
  • Terminal: al final de la noche. 
La actuación en cada caso es diferente. No es lo mismo un niño que tarda horas en dormirse, pero que después duerme toda la noche, que aquel que se despierta varias veces a lo largo de l anoche y obliga a sus sufridos padres a acudir un sinfín de veces a calmar sus llantos.

Se puede hablar de insomnio infantil por malos hábitos si entre los seis meses y los cinco años de edad el niño no es capaz de:
  • Acostarse sin llorar. 
  • Conciliar el sueño por si mismo.
  • Dormir entre 10 y 11 horas seguidas. 
  • Hacerlo en su habitación prácticamente a oscuras. 
Estos datos no deben asustar a nadie. Quien crea que su hijo sufre insomnio debe buscar ayudar: pensar que el problema se solucionará por sí solo es un error que puede dificultar el tratamiento y la solución.

FUENTE | El manual de Supernnany (2007) Extracto

lunes, 20 de enero de 2014

ARTÍCULO | Estrageias para dormir. Cómo enseñar a dormir al niño

Fuente imagen | INTEF

Basándonos en el conocido método del doctor Estivill, detallamos paso a paso una primera estrategia para afrontar la situación:

1. Establecer un sitio (la habitación del niño), una hora (los ocho y media) y una rutina (baño, cena y actividad tranquila).

2. Elegir las cosas para dormir (el muñeco, la mantita, el chupete).

3. Colocar al niño en la cama con sus cosas para dormir.

4. Despedirse en un tono tranquilo. Conviene pensar una frase clave del tipo: "Papá y mamá te están enseñando a dormir. Buenas noches, que duermas bien".

5. Salir de la habitación pase lo que pase.

6. Si llora o arroja objetos, hay que esperar el intervalo de tiempo descrito en el cuadro inferior y, al regresar a la habitación del niño, recoger lo que haya tirado, colocarlo en su cama y repetirle: "Papá y mamá te están enseñando a dormir. Buenas noches, que duermas bien". A continuación se sale de la habitación pase lo que pase. Cada noche, uno de los padres, y sólo ése, será el encargado de entrar en la habitación, respetando los siguientes intervalos de tiempo:

Día
1er Intervalo
2º Intervalo
3o. Y siguientes
1
1 minuto
3 minutos
5 minutos
2
3 minutos
5 minutos
7 minutos
3
5 minutos
7 minutos
9 minutos
4
7 minutos
9 minutos
11 minutos
5
9 minutos
11 minutos
13 minutos
6
11 minutos
13 minutos
15 minutos
+7
13 minutos
15 minutos
17 minutos

7. Al entrar en la habitación, el llanto y las llamadas de atención del niño subirán de tono, pero esto no debe ser un impedimento para seguir adelante. SI no se respetan los intervalos, el niño se sentirá abandonado, y nos e puede permitir que eso ocurra. Pero si se sigue la pauta, en poco tiempo disminuirán la intensidad y la duración del lloro. 


8. Llegado el momento marcado por la tabla, el padre encargado del sueño debe entrar en la habitación, repetir el paso cuarto e irse.

9. En los días sucesivos, cada vez que el niño se despierte, se debe repetir el proceso desde el paso tercero.

FUENTE | El manual de Supernnany (2007) Extracto

lunes, 13 de enero de 2014

ARTÍCULO | El miedo a los animales

Fuente Imagen | INTEF
Haremos un listado con el niño de los animales que le dan miedo y le pedimos que les de una puntuación de 0 a 10, según sea el temor que le producen. Hay que tener en cuenta que podemos evitar el contacto con algunos animales, como las serpientes, los murciélagos o las ratas, sin que eso nos incapacite en absoluto, dada la poca frecuencia con que vamos a encontrárnoslos. Otra cosa será si hablamos de animales domésticos, con los que todos en mayor o menor medida, tenemos contacto.

Los pasos a seguir, empezando por el animal que menos miedo produce al niño, son los siguientes: 

  1. No demos razones al pequeño sobre lo que hay que hacer para que desaparezca su miedo, hagamos caso omiso a su comportamiento y, cuando veamos al animal que teme, vayamos directamente a acariciarlo. Mientras, podemos contarle las sensaciones positivas que produce sin pedirle que lo haga él. Se trata de convertirnos en un modelo al que pueda imitar. 
  2. No esperemos que en el primer intento se acerque a tocar al animal que teme. Todas estas actuaciones le acercarán poco a poco al objetivo. 
  3. No le pediremos que se acerque solo y reforzaremos o premiaremos el que se mantenga tranquilo en el sitio. Al principio se quedará a cierta distancia observando cómo su padre o su madre juegan con el animal. Habrá que alabar el que se mantenga en el sitio sin irse ni hacer aspavientos. 
  4. En los siguientes pasos, intentaremos que se disminuya la distancia entre ambos, aunque no llegue a tocarlo.
  5. Mas adelante el padre o la madre cogerán al niño de la mano para que acerque, pero será el adulto quien toque al animal mientras explica: "Mira cómo mueve el rabo: está contento. Tiene un pelo muy suave. Le gusta acercarse a mí porque quiere que juguemos". No debemos pedirle directamente al niño que lo haga él, sólo señalarle lo cerca que está del animal. Es esperable que disminuya la distancia. 
  6. Nos acercaremos con el niño, esta vez sin cogerle de la mano, y una vez delante del animal, tomamos su mano para que lo toque. Al principio sólo tacar y retirar; luego permaneceremos con la mano en su pelo mientras el pequeño cuenta las sensaciones que tiene.
  7. Por último le animamos a que se acerque él solo y lo acaricie. Hay que enseñarle a preguntar primero a sus dueños si puede hacerlo, así le evitaremos experiencias que puedan afectar a su proceso de enfrentamiento al miedo. Tenemos que premiarle cuando lo consiga. 
Acciones que nos aproximan al objetivo: 
  • Hacerle conocer el animal que le da miedo a través de películas, fotografías y libros con información cuanto más reales mejor. Es preferible utilizar fotos de animales reales que dibujos o animaciones. 
  • Facilitarle experiencias donde pueda ver a amigos suyos jugando con animales y señalarle lo bien que se lo pasan. Dejarle que observe desde cierta distancia. Pasar una tarde con amigos que tengan un animal doméstico.
  • Enseñarle las señales que manda un animal cuando se pone agresivo o poco amigable -se le eriza el pelo, enseña los dientes, saca las uñas, ladra- para que sepa cuándo no tiene que acercarse con el fin de evitarle experiencias negativas que puedan retrasar su proceso de superación del miedo.
Lo importante es no forzar al niño a tocar o relacionarse con el animal. Si seguimos el método paso a paso, acabará acercándose por imitación, aunque puede ocurrir que, a pesar de perder el miedo, nunca sea un gran amigo de los animales.

FUENTE | El manual de Supernanny. Ed: El Pais, 2007

lunes, 30 de diciembre de 2013

ARTÍCULO | Las fases del sueño


Podemos usar un símil para explicar las fases del sueño: dormir es como descender los peldaños de una escalera. Cada fase es un peldaño y cinco peldaños forman un ciclo de sueño. La fase REM –cuando soñamos, es la quinta de cada ciclo. En una noche podemos tener cuatro o cinco ciclos. Según las horas de sueño que llevemos, los peldaños durarán más o menos tiempo, pero la fase REM siempre irá en aumento.

Fase no REM
  • Fase I: es la fase de adormecimiento. La persona está relajada y aún puede percibir algunos estímulos exteriores. El tono muscular es menor que cuando se está despierto. Esta fase dura unos minutos y representa el 5% del tiempo total de sueño.
  • Fase II: podríamos denominarla sueño ligero. Se observa una disminución del ritmo cardíaco y de la respiración. El tono muscular es menor que en la fase I. Desaparece cualquier percepción de estímulos exteriores. Representa el 50% del tiempo total de sueño.
  • Fase III: es la transición al sueño profundo. El tono muscular desciende y el ritmo cardíaco y el respiratorio disminuyen. Esta fase es fundamental para conseguir un descanso óptimo. Cuando a alguien se le despierta en esta fase del sueño, se encuentra confuso y desorientado.
  • Fase IV: es el sueño profundo. La relajación muscular es total. También es fundamental para el descanso y el restablecimiento físico y psíquico del organismo. Aunque en esta fase no aparecen los sueños entendidos como historias, sí pueden aparecer imágenes, luces, sombras, etcétera.


Fase REM

En contraposición a las cuatro fases anteriores, que se encuadran dentro del llamado sueño no REM, hay otra fase del sueño denominada REM (siglas de la expresión inglesa Rapid Eye Movement), y caracterizada por los movimientos rápidos de los ojos. En esta fase se produce la mayoría de los sueños. La actividad eléctrica del cerebro es parecida a la de la vigilia, y por eso también se llama a esta fase sueño paradójico. 

El ritmo cardíaco y el respiratorio son irregulares, aunque se mantiene la atonía muscular, quizá para evitar despertarse. Cuando a alguien se le despierta en la fase REM, se encuentra descansado y alerta. La fase REM representa el 25% del tiempo total de sueño. En el caso de los bebés el porcentaje se eleva al 50%.
El sueño nocturnos e organiza en cuatro o cinco ciclos de 90 a 120 minutos cada uno. En cada ciclo se pasa del sueño ligero (fases I y II) al sueño profundo (fases III y IV), y después aparece el sueño REM. Los ciclos van variando: disminuye progresivamente el tiempo de sueño profundo y aumenta el tiempo de sueño ligero y REM.

El primer sueño REM suele durar unos cinco minutos, mientras que el último puede llegar a 30 minutos o más. Dada esta disminución progresiva de sueño profundo, es más fácil despertarse en la última hora de la noche con cualquier ruido que en la primera.

Este patrón varía dependiendo de la edad de la persona. El porcentaje de sueño REM es mucho mayor en los niños que en los adultos, lo cual apoya la teoría formulada por los doctores Avi Karni y Dov Sagi en 1992, según la cual el aprendizaje de nuevas tareas se ve dificultado si se impide o interrumpe el sueño REM. Por tanto, el sueño REM es fundamental para el desarrollo cognitivo y la fijación de aprendizajes. 

FUENTE | El manual de Supernnany (2007) Extracto

lunes, 23 de diciembre de 2013

ARTÍCULO | El control de esfínteres


Decidir el momento en que el pequeño tiene que abandonar el pañal y pasar a usar el retrete es una cuestión que tiende a provocar un alto grado de angustia en la mayoría de los padres: unos por los consejos que les han dado, otros por las dificultades que han escuchado y muchos, aunque ya tengan experiencia, porque saben que cada niño reacciona de distinta manera.

Que no cunda el pánico: en situaciones normales todos los niños acaban aprendiendo. Algunos lo hacen antes que otros, como también los hay que gatean y andan antes o se muestran más dispuestos a recoger sus juguetes.

Sólo unos padres con actitud severa y ofensiva, que abusen del castigo, pueden amenazar la autoestima del niño, que se verá medido y valorado en función de si logra usar el inodoro o no. Estas formas de actuar son ineficaces para cualquier aprendizaje. Tenemos que olvidarnos de decir frases como “Eres un puerco” o “no verás la tele en un mes si vuelves a hacerte pis”.

Existe un primer criterio que nunca hay que olvidar: intentar enseñar a un niño antes del primer año puede ser fuente de frustraciones para los padres y para el pequeño, que no tiene las capacidades neurológicas, fisiológicas ni conductuales necesarias para ello. Lo que para los adultos resulta un gesto automatizado y cotidiano, que no requiere ninguna atención, implica en el niño una capacidad compleja que pasa por saber reconocer el impulso de orinar, controlarlo hasta llegar al baño, desvestirse y colocarse en la posición apropiada. Ello supone un gran esfuerzo de aprendizaje que no podemos pedirle antes de tiempo.

En general, aunque hay excepciones, los niños van controlando esfínteres siguiendo este orden:
  1. Control nocturno de la deposición.
  2. Control diurno de la deposición.
  3. Control diurno de la orina.
  4. Control nocturno de la orina. 
FUENTE | El manual de Supernanny. Ed: El PAIS, 2007

lunes, 16 de diciembre de 2013

ARTÍCULO | Las manías


Las manías están relacionadas con la ansiedad. Una manía es algo que realiza un niño con el fin de disminuir una ansiedad que puede estar provocada por un miedo o cualquier otra emoción.

Casi todos tenemos alguna manía que arrastramos desde la infancia, de manera que si los adultos contamos con “malos hábitos adquiridos”, no es raro que los niños también los tengan.

Las manías son conductas que se repiten muy a menudo y que ayudan al niño a controlar ciertos sucesos extremos, o bien le sirven para relajarse. Entre las manías más frecuentes en la infancia están chuparse el dedo, morderse las uñas y los dedos, rascarse, dar cabezazos, balancearse, hurgarse la nariz, hacer movimientos rítmicos y enrollarse el pelo. Estos hábitos no suelen molestar al niño, sino todo lo contrario: le producen placer. Sin embargo, si desagradan a los padres, que utilizan todos los medios disponibles para intentar suprimirlos. A veces, sin darse cuenta, pueden llegar a fomentar las manías debido a su atención e insistencia constante en que el pequeño las abandone. Con esto no queremos decir que si se opta por ignorar el mal hábito, éste termine por desaparecer, sino que prestarle atención ayuda a que se repita de forma más frecuente. Por tanto, evitar esta actitud es el primer paso para ponerles fin.

Cuando estos hábitos se prolongan en el tiempo, el niño puede parecer más pequeño de lo que realmente es, ya que tiene comportamientos típicos de edades inferiores. Por ejemplo, si se chupa el dedo puede que en el colegio le llamen “niño pequeño” o “bebé”. Hay padres que también utilizan estas mismas argumentaciones con el propósito de poner fin a la manía: “Te chupas el dedo como tu hermano pequeño”. Al contrario de lo que pretenden, sus frases provocan más ansiedad en el niño y, como consecuencia, éste tiende a reiterar su hábito. 

FUENTE | El manual de Supernanny. Ed: El Pais, 2007

lunes, 11 de noviembre de 2013

ARTÍCULO | Cuando los miedos y las manías se convierten en un problema

Fuente Imagen | etsonrisas.blogspot.com

Los miedos y las manías, al ser relativamente frecuentes en la infancia, son una fuente de preocupación para los padres y docentes, que a menudo se preguntan si el comportamiento del niño es normal o hay que tratarlo para que no desemboque a un mal mayor.

A veces es complicado determinar si estamos ante un problema o se trata de una etapa más del desarrollo del niño. El cuadro adjunto recoge los criterios que debemos tener en cuenta para saber si estamos ante un caso que necesita una atención especial.

En caso de que no se cumplan estos criterios, no es necesaria una intervención, pero sí podemos ayudar al niño a que disminuya la frecuencia o intensidad de aparición de las manías. En el cuarto capítulo se dan algunas indicaciones útiles.

Aunque es poco frecuente, los miedos y las manías, cuando no se solucionan bien y a tiempo, pueden desembocar en problemas o transtorno más serios, como las fobias, la ansiedad por separación, el transtorno de pánico y el trastorno obsesivo compulsivo.

MIEDOS
MANÍAS
·      Se prolongan en le tiempo
·      Provocan gran intensidad en la respuesta.
·      Causan malestar en el niño que los sufre.
·      Interfieren en sus actividades diarias.
·      Tienen duración e intensidad elevadas.
·      Causan malestar en el niño que las manifiesta.
·      Le provocan algún mal físico.
·      Interfieren en sus actividades diarias.
·      Los compañeros le menosprecian por ellas.

lunes, 21 de octubre de 2013

ARTÍCULO | ¿Por qué es tan importante el hábito de la higiene?

Fuente Imagen | comunidadexito.wordpress.com

El hábito de higiene es importante por las siguientes cuestiones:
  • Es primordial para la conservación de la salud y la prevención de enfermedades e infecciones. La falta de higiene es una de las causas principales de mortalidad en los países subdesarrollados. 
  • Las relaciones sociales se ven afectadas por la falta de higiene. Un niño puede ser rechazado o marginado por sus compañeros o amigos debido a una higiene deficiente. 
  • Sentirse limpio, que implica la higiene diaria, es un fundamental para encontrarse bien físicamente. 
  • El hábito de la higiene se empieza a adquirir en la infancia, a partir de las primeras experiencias. Una correcta asimilación facilitará que el niño, cuando sea adulto posea hábitos de limpieza adecuados, tales como ducharse a diario o lavarse los dientes después de comer. Asimismo, la incorporación de hábitos en la niñez sienta las bases para hábitos y límites futuros. 
  • Poco a poco, el niño va siendo capaz de realizar por sí mismo algunas actividades relacionadas con la higiene: desvestirse, enjabonarse, controlar los esfínteres. Por tanto, con el aprendizaje del hábito de la higiene se está fomentando su autonomía. 
  • El hábito de la higiene ayuda al desarrollo de la coordinación motriz: para enjabonarse, peinarse o vestirse es  necesario realizar una serie de actividades motrices complejas. AL principio el niño las llevará a cabo torpemente, pero poco a poco las irá perfeccionando. Al practicar estas actividades a diario, su coordinación de movimientos irá mejorando, y no sólo para las tareas relacionadas con el aseo. 
  • La limpieza habitual del lugar en que el niño vive es fundamental para su bienestar físico, así como para la prevención de enfermedades. También un ambiente ordenado le ayuda a sentirse seguro. 
FUENTE | El manual de Supernanny. Ed: El Pais, 2007

lunes, 14 de octubre de 2013

ARTÍCULO | Las pesadillas

Fuente Imagen | MorgueFile
Junto a los terrores nocturnos, son las parasomnias más frecuentes en la infancia: se estima que alrededor del 25% de los niños sufren pesadillas. Son sueños angustiosos que despiertan al niño, el cual se muestra asustado pero orientado, y algo activo en el área motora. Cuando acuden los padres, es capaz de hacer un relato coherente de la pesadilla.

Las pesadillas se producen en el sueño REM, sobre todo en la segunda mitad de la noche. Suelen aparecer a partir de los dos o tres años de edad. Generalmente están relacionadas con fenómenos que provocan inquietud en el niño, duran unas semanas y disminuyen a medida que aminora o desaparece el fenómeno causante de la ansiedad. Ver escenas dramáticas o traumáticas en la televisión también puede causar pesadillas.

Si las pesadillas se producen con mucha frecuencia -en especial si el niño tiene siete años o más-, es conveniente consultar con un especialista y realizar un análisis exhaustivo.

Recomendaciones para reducir la incidencia de las pesadillas o evitar que aparezcan
  • Conocer las preocupaciones del niño -en el colegio, con sus amigos- y ayudarle a resolverlas.
  • Evitar que el niño se exponga a estímulos ansiosos -películas o relatos de terror- antes de dormir. 
  • Cuando un niño se despierta por una pesadilla hay que acudir a tranquilizarlo y, después salir de su habitación para permitir que vuelva a dormirse él solo. 
Las pesadillas, a pesar de que impresionan a los padres por lo escandaloso que puede ser el comportamiento del niño, forman parte del desarrollo evolutivo normal cuando se dan entre los tres y los seis años.

FUENTE | El manual de Supernanny. Ed: El Pais, 2007

lunes, 8 de julio de 2013

ARTÍCULO | Morderse las uñas


Es una manía común y tan difícil de erradicar que, en muchos casos, se mantiene en la edad adulta. Algunas actuaciones recomendables son:

  • Explicarle al niño las ventajas de tener las uñas bien cuidadas: "No salen padrastros que luego duelen, ni se deforman los dedos. Tus manos tienen una apariencia limpia, cuidada y aseada"
  • Proporcionarle información de los riesgos para su salud que conlleva mantener esa manía: "Las uñas son algo que está expuesto todo el día  ala suciedad de lo que tocamos y morderlas puede provocar infecciones". 
  • Buscar la motivación del niño porque, si él no quiere dejar de hacerlo , será difícil que lo consigamos. Está comprobado que el índice de éxito en la disminución o desaparición de esta manía depende en un alto porcentaje de que el niño quiera abandonarla. 
  • Pedirle que se deje crecer una uña. Una vez conseguido, y después de reforzar su esfuerzo, adelantarle para que lo intente con dos y así sucesivamente. 
  • Identificar con él los momentos en que tiende a morderse las uñas y darle un método para que las mantenga a salvo. Por ejemplo, poner tiritas en las uñas o untarlas con alguna sustancias amarga que lo recuerde.
FUENTE | El manual de Supernanny, Ed: El Pais, 2007

lunes, 17 de junio de 2013

ARTÍCULO | El chupete



Hacer desaparecer el chupete de la vida de un niño es una de las grandes preocupaciones de los padres. Nos planteamos hacerlo de forma paulatina, delimitando claramente las actividades que se hacen con chupete y las que no: se puede utilizar para dormir, pero no para salir a la calle, jugar o comer.

Es útil buscar un lugar para dejar el chupete cuando el niño se despierta, un cajón por ejemplo, y que permanezca allí todo el día. Si lo coge, le acompañamos para que lo guarde de nuevo.

Podemos empezar diciéndole que no lo utilice fuera de casa, aumentar la prohibición paulatinamente a todo el tiempo que permanece despierto y acabar dando el paso de retirarlo para dormir, que suele ser más difícil.

Un buen criterio será observar si los compañeros de la escuela infantil dejan de utilizar el chupete y nuestro hijo no. En ese caso, es el momento de que desaparezca. Un día cualquiera le anunciaremos que ya es mayor y que, por tanto no es necesario usar el chupete: "Los mayores como papá o mama no lo hacen". Luego le diremos que es el momento de tirarlo a la basura. Inventaremos con él todo un ritual para que se despida de algo que sólo se usa cuando uno es pequeño: "Bien, ahora que tenemos ya todos los chupetes -sacamos también los de reserva- es el momento de acercarnos a la papelera y decirles adiós, porque ya eres mayor y no los quieres". El pequeño lo hará convencido de que será así.

Sin embargo, lo normal es que cuando llegue el momento de dormir, ver la tele un rato o calmarse tras ina rabieta lo pida insistentemente. Habrá que recordarle que lo tiró porque ya es mayor y que se deshizo de todos, porque intentará buscar alguno de los de reserva. Probablemente llorará e incluso iniciará una rabieta de protesta. Si  nos mantenemos firmes, su actitud durará como mucho un par de semanas y olvidará el chupete para siempre.

FUENTE | El manual de Supernanny, Ed: El Pais, 2007

lunes, 27 de mayo de 2013

ARTÍCULO | El control de esfínteres



La adquisición del control de esfínteres depende de varios factores individuales, diferentes en cada niño.
No obstante, existe una edad aproximada en la que un alto porcentaje de niños adquiere este control: es entre los dos y los tres años, y de manera paulatina.
Probablemente la retención nocturna de la orina se adquiera más tarde ya que el pequeño necesita ciertas habilidades evolutivas para despertarse por la noche al sentir que su vejiga está llena. Por lo general, el control nocturno se logra a partir de los tres años; incluso hay casos de niños que no lo consiguen hasta los cuatro o cinco. Conviene no perder de vista que el control de la orina requiere una serie de habilidades que se adquieren de forma secuencial, como la conciencia de la necesidad de hacer pis, el inicio voluntario de la micción, la inhibición de la micción y su retraso, y la inhibición de la micción automática durante el sueño.

ADQUISICIÓN DE LA CAPACIDAD PARA CONTROLAR LA MICCIÓN
Primeros 6 meses
El vaciado de l vejiga se produce de forma automática cuando alcanza su volumen máximo (30-60 mililitros)
1-2 años
Los niños son conscientes de la necesidad de hacer pis y lo pueden manifestar.
3 años
La mayoría es capaz de contraer los músculos pélvicos con el fin de retener la orina.
4 años
Controlan voluntariamente la orina. Entre los tres y los cuatro años suelen ser capaces de controlar la micción por la noche.


La evolución del control del esfínter anal se produce de la misma forma que el control de la micción; quizá la única diferencia sea que se consigue un poco antes en el tiempo.

Conviene tener presente que cada niño es diferente en la adquisición de habilidades. El único dato importante que nos puede servir de referencia es que el control de esfínteres suele empezar a aprenderse entorno a los dos años y la mayoría de los niños controlan perfectamente sus esfínteres hacia los cuatro años y medio.

FUENTE | El manual de Supernanny, Ed: El Pais, 2007

lunes, 20 de mayo de 2013

ARTÍCULO | El sueño infantil. Diferencias con el sueño de los adultos.


El sueño de los niños experimenta un proceso evolutivo en el que influyen la maduración, el desarrollo y el aprendizaje. Algunas de las diferencias reseñadas a continuación van desapareciendo a medida que el niño crece y madura a nivel neurológico. Otras desaparecen gracias a las enseñanzas de los padres.

  • Los niños necesitan más horas de sueño que los adultos. 
  • El sueño de los bebés sólo tiene dos fases, mientra que el de los adultos tiene cinco. Por el contrario, los niños tienen más horas de sueño REM que los adultos. 
  • A las funciones que cumple el sueño en los adultos -adaptación, regeneración y reconstitución-, se suma en los niños la función madurativa, asociada al crecimiento y el aprendizaje. 
  • Los niños nacen sin saber dormir toda la noche seguida y deben aprender a hacerlo para evitar problemas en la edad adulta. Está demostrada la relación entre niños con hábito de sueño inadecuado y alteraciones de sueño en la edad adulta. 
  • Además de dormir toda la noche los niños tienen que aprender a conciliar el sueño, algo que los adultos, en la mayoría de los casos, lo hacen de forma automática. 
FUENTE | El manual de Supernanny, Ed: El Pais, 2007