lunes, 1 de julio de 2013

ARTÍCULO | El juego y la socialización



El juego favorece la comunicación y las primeras relaciones del niño, ya sea con los padres, con el resto de familiares o con otros niños. Por tanto, es decisivo para la socialización.

Los niños empiezan jugando solos, de forma individual. Poco a poco esta forma de juego va cambiando y comienzan a sentirse atraídos por el contacto con otros niños: se sientan juntos pero cada uno juega a lo suyo, en paralelo; aun así, ésta se define ya como la primera forma de juego colectivo que se da en la infancia. A media que el niño crece el juego continúa desarrollándose hasta llegar a ser competitivo, aproximadamente entre los cinco y los siete años: todos persiguen el mismo objetivo. Es en este periodo cuando puede aparecer la rivalidad. A partir de los seis o siete años el juego evoluciona hacia algo más cooperativo: hay una división de las funciones de los miembros del grupo con el fin de conseguir un mismo objetivo o resultado.

La socialización es fundamental para el desarrollo de la personalidad del niño y para que establezca en el futuro unas buenas relaciones sociales, es decir, que se relacione con los demás de forma correcta. A través del juego se puede observar cómo establece sus primeros contactos con los iguales.

Puede ser que las primera relaciones de los niños a la hora de jugar con otros no sean del todo correctas. Por ejemplo, cuando un niño le quita las piezas de un puzzle a otro o le desbarata la parte ya compuesta, quizá esté dando a entender que quiere participar en el juego. Los adultos pueden intervenir en estos casos modelando la conducta del niño y facilitando que ambos jueguen juntos.
Los padres en casa o los educadores en la escuela pueden promover el juego entre los niños, con el fin de lograr unas buenas relaciones entre ellos.
Las siguientes recomendaciones las fomentan.

  • Es deseable que pasen tiempo con sus semejantes desde pequeños. Aunque no jueguen juntos, si establecerán relaciones adecuadas. En ocasiones es necesaria la presencia de adultos para ayudar si hay problemas. 
  • Los hermanos pueden ayudar a establecer relaciones sociales de forma más directa y más rápida. Muchas veces lo niños relacionan de forma agresiva con sus iguales, pero si en casa se han establecido pautas de relación correcta entre los hermanos, probablemente las relaciones con otros niños sean mejores. 
  • Cuando el niño empieza a mostrar interés por el juego de los otros niños y se asocia a ellos es un buen momento para fomentar el desarrollo de actividades conjuntas: llenar cubos de arena, buscar piedras, etcétera. 
  • La imitación es una buena forma de hacer que jueguen juntos. Por ejemplo, si un niño está jugando a alago se les puede decir a los otros: "Mirad que divertido es el juego de Juan; vamos a hacer todos lo mismo". Para promover el juego cooperativo se les puede proponer actividades como, por ejemplo construir un castillo. Se reparten tareas como buscar piedras, palos, hojas, cavar en la arena y construir el castillo. De esta forma todos dirigen sus intereses a un mismo fin. 
  • Son habituales los conflictos a la hora de jugar, pero se puede intervenir con el fin de buscar formas adecuadas para poner solución. Así los niños aprenden a resolver estos problemas para saber como enfrentarse a futuras desavenencias. 

El juego es un instrumento fundamental en el proceso de socialización infantil. Sus ventajas son muy numerosas, y entre ellas destacamos:

  • Estimula la comunicación y la cooperación entre los niños.
  • Contribuye a la integración de las normas de conducta.
  • Ayuda al niño a conocerse a sí mismo.
  • Influye en la adaptación social y emocional.
  • Facilita el control de la agresividad.
  • Mejora la autoestima y el concepto que el niño tiene de si mismo y de los demás. 
  • Estimula el contacto verbal y físico entre los niños. 
  • Enseña a compartir y a cooperar. 
FUENTE | El manual de Supernanny, Ed: El Pais, 2007

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