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lunes, 22 de septiembre de 2014

ARTÍCULO | Qué hacer con las rabietas

Fuente Imagen | edukame.com
Las rabietas son una conducta típica de los niños de dos y tres años. Es entonces cuando hay que ponerles solución. Si un niño le pide a su madre en el supermercado que le compre una piruleta y su madre le dice que no, es probable que se ponga a llorar, incluso que se tire al suelo y empiece a patalear. Si con esta conducta se sale con la suya, aprenderá que cuando su madre dice que no, lo que hay que hacer es insistir e intensificar la conducta.

En cambio, si el niño entiende que no obtiene atención mediante las rabietas, el comportamiento cesará, ya que dejará de considerarlo útil. Pero esto requiere mucha constancia por parte de los padres.

Éstos son los pasos a seguir cuando el niño tenga una rabieta, desde que empiece a llorar, gritar, arrojar objetos, insultar o a mantener una conducta indeseada:
  1. Ignorar la conducta y continuar con lo que se estaba haciendo o iniciar una nueva tarea. 
  2. Expresarle en primera persona el efecto que provoca su actitud: "Me estoy enfadando mucho". 
  3. Utilizar palabras clave o frases cortas, como: "Basta" o "Se acabó". 
  4. Decirle tranquilamente al niño que no va a conseguir lo que quiere: "Lo siento, no voy a comprarte chucherías". 
  5. Añadir con firmeza cuál es el comportamiento que se espera de él: "Cuando te tranquilices y dejes de llorar, te atiendo". 
  6. Retirarse de la situación y darle al niño un tiempo para que reflexione (un minuto por cada año del niño). 

Pasado el tiempo de reflexión:
  • Si no se le ha pasado, repetir los pasos cuarto y quinto aumentando el tiempo de reflexión.
  • Si se le ha pasado, reforzar la conducta: "Cómo me gusta que estés así, tranquilo,  y que podamos seguir comprando"
Ante una rabieta es muy importante no perder los nervios ni gritar. Los adultos son los encargados de calmar la situación tensa mostrándole al niño la actitud válida a la hora de afrontar conflictos. Por eso es importante mantener un tono de voz tranquilo y bajo, pero firme.

FUENTE | El manual de Supernnany (2007) Extracto

lunes, 12 de agosto de 2013

ARTÍCULO | El por qué de las consecuencias



Si no experimentamos las consecuencias de nuestras acciones, nos convertimos en tiranos, presuponiendo que los demás debe estar a nuestra disposición cuando lo deseemos.
Que un niño repita o no un comportamiento depende de que experimente sus consecuencias. Hay que enseñarle a tolerarlas planteándole situaciones en los que no siempre consiga lo que quiere.
Un pequeño que no obtiene siempre lo que desea desarrollará tolerancia a la frustración que, de mayor, le será de mucha utilidad, ya que así sabrá cómo enfrentarse a las situaciones en las que las cosas no salen como se plantean.
El niño necesita que los padres le enseñen lo que debe y no debe hacer, ya que no nace sabiéndolo.

Es preciso generar en casa un sistema de premios y castigos que muestre a nuestro hijo las consecuencias de cada conducta, y aplicarlo con constancia.

FUENTE | El manual de Supernanny. Ed: El Pais, 2007

lunes, 18 de marzo de 2013

ARTÍCULO | Premiar y castigar


El binomio premio-castigo está presente en muchas circunstancias de la vida de forma espontánea. Por ejemplo, quemarnos con la comida nos enseña a comprobar la temperatura antes de ingerir un bocado. Ésta es una de las formas más eficaces de aprender, pero hay otras.

La dificultad para enseñar a los niños estriba, en la mayoría de los casos, en el uso que se hace de los premios y castigos. En este libro mostramos distintas técnicas útiles para reforzar o extinguir conductas.

Antes de empezar hay que tener en cuenta tres aspectos:


  • Es imprescindible aplicar todas las técnicas en conjunto para que funcionen. Un premio es algo que resulta gratificante para quien lo recibe.
  • Un castigo solo puede considerarse como tal cuando quien lo sufre lo vive como algo negativo.


Uno de los errores más frecuentes cuando se aplica un castigo es dar por supuesto que la consecuencia es desagradable para el niño. Si se le manda a su habitación como castigo, lo más probable es que acabe jugando con sus juegos y lo pase en grande sin asociar ninguna consecuencia negativa a su comportamiento. Si, por el contrario, se le sienta durante unos minutos en el pasillo, donde no hay posibilidad de entretenerse con nada, vivirá ese tiempo como una consecuencia negativa de su comportamiento.

Es importante observar que considera el niño un premio y qué le parece desagradable; incluso se puede hacer una lista con lo q ue le gusta y le disgusta para identificar los premios y los castigos más eficaces.

Una vez terminada la lista de cosas que gustan y disgustan al niño; se puede establecer un sistema de consecuencias: lo que le gusta será consecuencia de los comportamientos positivos, y lo que no le gusta de los negativos. Este sistema, aplicado con constancia, modificará sus comportamientos.

FUENTE | El manual de Supernanny, Ed: El Pais, 2007

lunes, 5 de noviembre de 2012

ARTÍCULO | El abuso de los refuerzos y los castigos


Tanto el refuerzo como el castigo hay que usarlos en su justa medida. El exceso de uno u otro tiene efectos perjudiciales para los niños.

El exceso de refuerzos

Hay familias cuyos niños tienen acceso a muchos refuerzos de forma indiscriminada. Los niños que disponen de todo tipo de juguetes no valoran realmente lo que tienen. En algunas situaciones, como los cumpleaños o la Navidad, es bastante frecuente que el niño se encuentre con cinco o seis juguetes diferentes. En estos casos es mejor guardar alguno para dárselo más adelante.

En las familias en las que el refuerzo es constante y no responde a ninguna causa clara es bastante difícil motivar a los niños. Hay un efecto de saciedad del refuerzo al que arde o tempano habrá que hacer frente. Por ejemplo, si a un niño se le dan chucherías todos los días, será muy difícil utilizarlas como premio.,

Asimismo, la cantidad de elogios que recibe el niño debe ser proporcional al esfuerzo realizado por él. Si se elogia por cualquier cosa o se exageran las alabanzas, aprenderá que con poco esfuerzo obtiene el mismo premio que con mucho, y no se esforzará por hacerlo mejor.


El exceso de castigos

Los niños que reciben castigos constantemente pueden tener miedo de manifestar conductas nuevas, ya que piensan que sus padres van a reaccionar castigándolos. En general, son niños que muestran temor e incluso ansiedad ante situaciones nuevas. El exceso de castigos también provoca que los niños no modifiquen su comportamiento porque hagan lo que haga, siempre obtienen la misma consecuencia.

El castigo debe ser utilizado sólo en situaciones concretas. Es mucho más efectivo el refuerzo de conductas positivas: siempre hay comportamientos que reforzar.

En ningún caso se debe utilizar el castigo físico, y ello por diversas razones:

- Si se castiga físicamente a un niño, se le enseña a pegar como forma de solucionar los problemas. Cuando tenga un conflicto con un compañero de colegio, lo más probable es que responda de forma agresiva. El castigo físico puede frenar la situación porque intimida, pero no la soluciona. A la larga, no educa.

- Los padres que pegan a sus hijos lo hacen muchas veces para descargar su propia agresividad o para afirmar una autoridad que no saben cómo demostrar. En muchas ocasiones, el castigo físico no responde  ala conducta negativa del niño, sino a la tensión acumulada por los padres en las distintas situaciones diarias. En otros casos, se trata de padres que sufrieron castigos físicos en su niñez y repiten los modelos que aprendieron. Los hábitos de conducta que aprendidos en la infancia tienen a perpetuarse.

- El castigo físico acaba por saturar, de manera que deja de tener efecto en el niño y, lo que es peor, se aplica cada vez con más intensidad, creyendo erróneamente que así se logrará modificar el comportamiento.

- Genera situaciones de interacción negativa y hostilidad de los hijos hacia los padres. Dependiendo del patrón de conducta, existen niños que responden al castigo físico con comportamientos agresivos en su entorno, y otros que se convierten en seres inhibidos y poco exploradores por temor al castigo.

- Es cierto que se ha empleado durante generaciones, por eso no significa que sea un método aceptable para modificar el comportamiento infantil.

FUENTE | El manual de Supernanny, Ed: El Pais, 2007

miércoles, 22 de agosto de 2012

ARTÍCULO | El control de la conducta


Lo que se haga ante las respuestas del niño irá generándole su propio esquema estable de comportamiento. Así, si el niño llora cada vez que quiere conseguir algo de sus padres y ellos se lo conceden, aprenderá que llorar es eficaz para obtener beneficios y lo utilizará siempre que se le niegue algo. Si se sigue cediendo a sus caprichos, incorporará este comportamiento como un esquema de respuesta para obtener lo que desea. Si, por le contrario, se ignora el llanto o no se atiende su petición mientras no adopte una actitud más adecuada, la consecuencia es que llorar para conseguir lo que quiere no es útil y sí lo son conductas como pedir las cosas por favor, no gritar, recoger sus juguetes, etc.

Las conductas del niño deben ser guiadas con normas y límites, y reguladas mediante consecuencias hasta que él adquiera capacidad de autocontrol. Este proceso no se puede llevar a cabo si el pequeño no experimenta las consecuencias de su comportamiento y no entiende las reacciones que su conducta provoca en los demás. De esta manera aprenderá que las cosas no siempre son como uno quiere, es decir, desarrollará la capacidad de la tolerancia a la frustración. Dicha capacidad es el mejor aprendizaje que adquiere para controlar no sólo su comportamiento en general, sino también la ansiedad y, muy particularmente, la agresividad.

Los niños no vienen al mundo con un instinto disciplinario innato. Para entender cómo deben actuar necesitan aprender lo que pueden hacer y lo que no, y son los adultos los que deben enseñárselo. La manera más eficaz es mostrarles las consecuencias - tanto positivas como negativas- de cada conducta. Y el secreto es la constancia.

FUENTE | El manual de Supernanny, Ed: El Pais, 2007

jueves, 26 de enero de 2012

ARTÍCULOS | Qué hacer con las rabietas



Entre las conductas que más preocupan a los padres se encuentran las temidas rabietas: cuando el niño se tira al suelo y se pone a llorar, ya sea en casa, en la calle o en el supermercado. Para estos casos la técnica más eficaz es la extinción, es decir, no prestar atención a la conducta. Hay que recordar que esta técnica debe ir acompañada por el refuerzo de las conductas positivas: se atiende al niño cuando deje de llorar, independientemente de lo que haya hecho durante la rabieta.

Las rabietas son una conducta típica de los niños de dos y tres años. Es entonces cuando hay que ponerles solución. Si un niño le pide a su madre en el supermercado que le compre una piruleta y su madre le dice que no, es probable que se ponga a llorar, incluso que se tire al suelo y empiece a patalear. SI con esta conducta se sale con la suya, aprenderá que cuando su madre dice que no, lo que hay que hacer es insistir e intensificar la conducta.

En cambio, si el niño entiende que no obtiene atención mediante las rabietas el comportamiento cesará, ya que dejará de considerarlo útil. Pero esto requiere mucha constancia por parte de los padres.

Éstos son los pasos a seguir cuando el niño tenga una rabieta, desde que empiece a llorar, gritar, arrojar objetos, insultar o a mantener una conducta indeseada:
  1. Ignorar la conducta y continuar con lo que se estaba haciendo o iniciar una nueva tarea. 
  2. Expresarle en primera persona el afecto que provoca su actitud: "Me estoy enfadando mucho".
  3. Utilizar palabras clave o frases cortas, como: "Basta" o "se acabó". 
  4. Decirle tranquilamente al niño que no va a conseguir lo que quiere: "Lo siento, no voy a comprarte chucherías".
  5. Añadir con firmeza cuál es el comportamiento que se espera de él: "Cuando te tranquilices y dejes de llorar, te atiendo". 
  6. Retirarse de la situación y darle al niño un tiempo para que reflexione (un minuto por cada año del niño). 
  7. Pasado el tiempo de reflexión:
    • Si no se le ha pasado, repetir los pasos cuarto y quinto aumentando el tiempo de reflexión.
    • Si se le ha pasado, reforzar la conducta: "Cómo me gusta que estés así, tranquilo, y que podamos seguir comprando". 
Ante una rabieta es muy importante no perder los nervios ni gritar. Los adultos son los encargados de calmar una situación tensa mostrándole al niño la actitud válida a la hora de afrontar conflictos. Por eso es importante mantener un tono de voz tranquilo y bajo, pero firme.

FUENTE | El manual de Supernanny, Ed: El Pais, 2007

miércoles, 28 de septiembre de 2011

ARTÍCULO | La silla o el rincón de pensar


Se trata de una aplicación de técnica que denominamos tiempo fuera. Consiste en sacar al niño de la situación de refuerzo ante una conducta inadecuada y darle un tiempo para que reflexione. Así entenderá que resulta más divertido estar jugando con los demás que retirarse a un rincón o a una silla para pensar en lo que ha sucedido.

Antes de aplicar esta técnica hay que decidir un lugar para aislar al niño y que reflexione. No debe ser una habitación con juguetes o con televisor, porque asó es difícil obtener resultados. Por supuesto, tampoco se trata de asustar al niño en una habitación con poca luz. El tiempo que debe estar en el rincón o en la silla de pensar depende de su edad: basta con un minuto por cada año del niño.

A continuación vemos cómo se aplica esta técnica con un ejemplo: Juan está jugando con su hermana, la empuja y le quita su juguete. 
  1. Se avisa a Juan de que su comportamiento no es adecuado con un tono firme, pero evitando gritar. En todo momento los padres han de estar convencidos de que Juan va a cambiar su comportamiento. Así se le transmitirá con el tono de voz. 
  2. Si se repite la conducta, se le vuelve a decir con la misma firmeza que su comportamiento no es adecuado y que, si lo vuelve a hacer, irá  a la silla o al rincón para pensar en lo sucedido. 
  3. Si Juan vuelve a pegar a su hermana, de forma muy tranquila se le coge de la mano y se le lleva a la silla o el rincón para que piense en su comportamiento. Se le informa de que se quedará allí hasta que le vayamos a buscar para que pida perdón a su hermana. Es muy importante mantener en todo momento la tranquilidad y no elevar el tono de voz. Evitaremos entretener al niño cuando esté en situación de tiempo fuera. 
  4. Una vez finalizado el tiempo, se le dice al niño que pida perdón o bien que lleve a cabo alguna conducta que arregle la situación.
  5. Es muy importante premiar el hecho de pedir perdón. Todas las técnicas de extinción de conductas no deseadas deben ir acompañadas del refuerzo de las conductas positivas para conseguir el efecto deseado. 
El rincón de pensar es una técnica que se puede aplicar tanto en casa como fuera. Por ejemplo, si el niño está en el parque y pega a algún amigo, le tira arena o le quita un juguete, se le puede sentar un tiempo en un banco a pensar en lo ocurrido.

Una de las dificultades que se encuentran los padres al aplicar esta técnica es que el niño se levanta continuamente de la silla o deja el rincón y van donde están ellos o los amigos. En este caso, sin decirle nada, se le coge de la mano con tranquilidad, se le vuelve a acompañar al lugar y, una vez allí se le dice: "Tiene que estar aquí sentado, pensando en lo que has hecho, hasta que yo vuelva a buscarte".

Si resulta muy difícil que el niño permanezca sentado y todos los intentos para conseguirlo son inútiles, deberemos abandonar la técnica ya que puede convertirse en un juego para el pequeño, y probar con otra estrategia.

Algunos niños aprenden rápido la lección y, nada más llegar al rincón o a la silla, piden perdón. Evidentemente saben que es la única manera de evitar pasar un tiempo en el rincón. Si este comportamiento empieza a ser frecuente, hay que reforzar el hecho de que pida perdón, pero indicándole que deberá cumplir el tiempo establecido en el rincón o la silla.

Una vez que ha pedido perdón y realizado su tarea reparadora, el episodio ha terminado y ya no hay que recordarlo; es el momento de empezar de cero y jugar con el niño o hacer que juegue con sus hermanos o compañeros como si nada hubiese pasado. Ya ha tenido su consecuencia.

FUENTE | El manual de Supernanny, Ed: El Pais, 2007