lunes, 23 de septiembre de 2013

ARTÍCULO | Las mudanzas y los cambios de país

Fuente Imagen | mundanzascrespo.com
La movilidad laboral o la adquisición de una nueva vivienda son algunas de las causas que pueden llevar a un traslado de la residencia familiar, lo que implica muchas veces para el niño no sólo un cambio de colegio, sino también de barrio e incluso de ciudad o país. Esta es una de las situaciones más estresantes que puede sufrir un adulto, así que podemos imaginarnos lo que supone para un niño, que ni siquiera ha participado en la toma de decisión y, por tanto, tiene grandes dificultades para entender las alteraciones que se operan en su entorno, hasta el momento predecible y seguro.

Cuando la mudanza implica un cambio de país se añaden algunos factores desestabilizadores, como el idioma, el horario o la cultura. Todos ellos pueden hacer que el proceso de adaptación se convierta en algo un poco más dificultoso que el cambio de barrio o de ciudad. En estos casos el tiempo necesario para adaptarse a la nueva vivienda y al entorno será, evidentemente, mayor.

La actitud de los padres cobra importancia en el proceso, ya que si uno de ellos no está muy convencido del cambio o manifiesta abiertamente rechazo, el pequeño se sumará a su postura, creando tensión en la familiar.

Es normal que un niño se oponga a una mudanza: se trata de un cambio difícil y tiene varias consecuencias. Por muy claro que se lo expliquemos y por mucho que se hable de los temores de cada uno, de las expectativas, de las dudas, en algunas ocasiones los niños pueden tener dificultades a la hora de dormir y en los estudios, cambios de humor o tristeza.

El apoyo de los padres es importante para facilitarles el periodo de adaptación. Pero el exceso de protección en estos casos puede llevarles a encerrarse más en sí mismos y en su familia y dificultarles la adecuación al nuevo medio.

FUENTE | El manual de Supernanny. Ed: El Pais, 2007

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